«Me pasma el papanatismo que se extiende por el mundo culinario. Si te sirven media docena de ostras del copetín, frescas como una lechuga y recién llegadas de Arcade, te han colocado una vulgaridad. Pero si escogen sólo una ostra de dudoso origen, la flambean lentamente con un poco de jerez y te la colocan en un plato enorme con un par de churretes de zanahoria caramelizada y polvo de maíz ligeramente tostado, tienes que derretirte en el acto entre exclamaciones de éxtasis.»